viernes, 25 de abril de 2014

Me preguntais....Pero que estas haciendo?





La gonadotropina coriónica humana (HCG, por su sigla en inglés) es una hormona producida durante el embarazo por las células que forman la placenta. Es detectada en la sangre alrededor de 11 días después de la concepción, y en la orina, entre los 12 y 14 días siguientes. De hecho, esta es la hormona que sirve de base a los tests de embarazo que hay en la farmacia.

Su función es clave para que el feto pueda obtener los nutrientes que necesita. La HCG le envía señales al hipotálamo para que movilice y lleve hasta el feto las reservas de grasa del cuerpo, que en el caso particular de las mujeres suelen encontrarse en los muslos, abdomen y caderas. De esta manera, si la madre no consume los nutrientes que el bebé necesita para crecer en esos primeros meses decisivos de la gestación, sus reservas de grasa proveerán por ella.

Como la HCG actúa sobre el hipotálamo durante el embarazo y moviliza los depósitos de grasa que más trabajo nos cuesta perder, los promotores de la dieta sostienen que inyectar pequeñas cantidades de la hormona, o suministrarla en forma de gotas, puede provocar el mismo efecto en el metabolismo de las mujeres que no están embarazadas. Y también en el de los hombres, porque el hipotálamo masculino responde a la hormona de igual forma. Una vez que la HCG está activa en el sistema (usualmente al tercer día después de empezar a administrarla), el apetito se reduce, porque las propias reservas de grasa liberadas le suministran al cuerpo la energía que necesite; de ahí que puedas mantenerte con solo 500
calorías diarias sin morirte de hambre ni sentirte drenada.

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